1 Crónicas 28:9 “Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; más si lo dejares, él te desechará para siempre”.
Por: Nelly Jácome de Pérez
No existe un servicio ciego a Dios, aquel que le sirve debe de conocerle personalmente. David le dice a Salomón: aprende a conocer íntimamente a Dios, y si le dice que aprenda es porque hay personas que no saben conocer a Dios. Un claro ejemplo de esto es Job, que había caminado con Dios, pero no lo había conocido íntimamente. Job 42:5 “De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven.”
David le dijo las dos condiciones del servicio fiel, la primera es: “con corazón perfecto”. El énfasis no está en el volumen, o en la cantidad de trabajo, sino en la calidad y en las condiciones que producen ese servicio. En primer lugar, debe implicar el corazón, éste es el asiento de nuestros deseos, de nuestra voluntad, de nuestras decisiones. ¿Qué significa un corazón perfecto? Es aquel que se mueve en plenitud y no parcialmente, que lo hace por entero y no en parte.
La segunda condición para el servicio fiel es: “con ánimo voluntario”. El servicio no puede ser impuesto, tampoco fruto de la presión o de la intimidación, sino de ánimo voluntario, o sea, que se mueve dentro del hombre y no fuera de él. La palabra ánimo significa originalmente: vida, vitalidad, respiración. Esta palabra la encontramos en el libro de Génesis 2:7, leemos: “entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”. Dios sopló aliento de vida en el hombre, esta es la misma palabra que encontramos en la declaración de David por “ánimo”.
Ver a Dios y conocerlo íntimamente va más allá de una oración, de un tiempo de encuentros cortos, y de buscarlo cuando estás pasando por necesidad. Conocerlo íntimamente, es que nuestro corazón lata al par que el suyo. Es escucharlo, entenderlo, amarlo por encima de nosotros mismos. Es no desesperarnos cuando guarda silencio, porque sabemos que igual está ahí. Es tener convicción de que nada malo nos podrá pasar porque sabemos que Su poder nos salvará de cualquier circunstancia. Es entender que somos sus manos, sus pies, su boca, para proclamar su amor y servir a los demás debido a ese amor, Amén.