1 de Pedro 5.6 “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo.”
Por: José Vaquero Aragundi.
Lo escrito por el apóstol Pedro, es una invitación a reconocer la grandeza de nuestro Dios y la total dependencia que tenemos de Él. En ocasiones, el orgullo o vanidad nos lleva al deseo de controlar cada circunstancia o suceso de nuestra vida o buscar soluciones por cuenta propia, pero es Pedro quien nos recuerda aquí, que el camino hacia la verdadera exaltación es la humildad.
Humillarse bajo la poderosa mano de Dios no es otra cosa que rendir nuestra voluntad a la suya (Jesús nos enseñó a decir hágase tu voluntad), reconociendo que la sabiduría, amor y poder son mayores que los nuestros. La humillación es un acto de confianza. Ya que, al humillarnos ante él, dejamos todas nuestras preocupaciones, cargas y temores en sus manos, sabiendo que nuestro Señor tiene un plan perfecto para cada uno de nosotros.
Es muy importante recalcar que Pedro cuando dice “cuando fuere tiempo” señala que es dentro del tiempo de Dios; lo que nos enseña a tener paciencia y fe, porque el tiempo de Dios no necesariamente coincide con el nuestro. No debemos desesperar, ya que somos llamados a tener paciencia en esperanza y fe, confiando en que, a su debido tiempo, el Señor nos bendecirá y cumplirá todos sus propósitos en nuestras vidas.
Es necesario rendir todas nuestras preocupaciones, sueños y luchas a la voluntad del Señor. Humillémonos bajo su mano poderosa y confiemos en el tiempo perfecto de Dios. No olvidemos que la exaltación de Dios no es solo terrenal, sino en lo celestial, y en la venida de nuestro señor cada discípulo fiel será exaltado con una corona incorruptible de gloria.