1 de Tesalonicenses 5:23 “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.”
Por: José Vaquero Aragundi.
Uno de los retos más difíciles que tienen muchos cristianos es ser totalmente irreprensible, puesto que muchas veces los ojos de las personas que lo rodean están puestos en nosotros, no importa si son nuestros familiares, amistades, vecinos, o incluso miembros de nuestra congregación; siempre nos enfrentaremos a la mirada inquisitoria de los demás, ya que como cristianos debemos reflejar a Cristo en cada aspecto de nuestras vidas.
Hay ocasiones en las que como seres imperfectos en proceso de santificación y perfeccionamiento podemos cometer errores, enfrentándonos así al dedo acusador de quienes nos rodean; pero esto no debe desmoralizarnos, sino más bien fortalecernos en nuestra decisión de llegar a ser totalmente irreprensibles, no mediante nuestras fuerzas, sino con el poder del Espíritu santo de Dios.
Es por esto que el versículo de esta reflexión, nos dice que es el mismo Dios nuestro, Dios de paz y misericordia, es quien nos santifica completamente, es quien nos transforma en nuestra mente y corazón, para así día a día ser perfeccionados, llegando a ser totalmente irreprensibles, no solamente ante los hombres, sino ante quien más importa: Dios.
Mantengámonos firmes en nuestra vocación, que es nuestra fe verdadera en el único Dios verdadero, para ser fortalecidos, no dejando de orar, escudriñar las sagradas escrituras, y congregándonos para ser alimentados y fortalecidos espiritualmente hasta la venida de nuestro amado y anhelado Señor Jesucristo.