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1 Juan 4:19 “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”.

Por: Pst. David Agustín Pérez Vera

El amor de Dios es la fuerza que transforma nuestras vidas. Su amor es incondicional, eterno y personal. Nos invita a responder no por obligación, sino por gratitud, siguiendo el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo. Comprender que el Eterno nos amó primero, cambia nuestra manera de ver la vida nuestras relaciones y nuestras decisiones.

Cuando experimentamos el amor del Eterno en nuestras vidas, nuestra actitud hacia los demás se modifica. Nos volvemos más pacientes, comprensivos y compasivos. Aprendemos a perdonar y a actuar con bondad incluso con quienes nos han hecho daño. El amor divino nos libera del egoísmo y nos enseña a priorizar el bienestar de otros, reflejando la vida de Jesús en nuestro día a día.

Amados hermanos y amigos, este amor del que hoy nos habla la Palabra de Dios nos sostiene en tiempos difíciles. Nos da seguridad y confianza, sabiendo que somos valiosos para Él y que nada puede separarnos de su amor. Esto nos anima día a día a perseverar en la fe, a mantener la esperanza y a actuar con valentía, porque nuestra identidad ya está asegurada en Cristo Jesús.

El mensaje en esta época de la Navidad nos recuerda la máxima expresión del amor de Dios, enviar a su Unigénito Hijo al mundo para salvarnos. Ese amor nos invita a vivir con propósito, a buscar la justicia, a extender compasión y a servir a los demás. Cada acto de amor refleja su presencia y transforma familias y sociedades enteras, creando un impacto duradero y tangible. Digámosle hoy a nuestro Padre Celestial, gracias por amarnos primero, ayúdanos cada día a vivir reflejando tu amor en cada palabra, pensamiento y acción, transformando nuestras vidas y la de quienes me rodean. Shalom.

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