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1 Pedro 1:15 “Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir”.

Por: Nelly Jácome de Pérez

Pedro enfatiza que la santidad no es opcional, sino un mandato divino basado en la naturaleza misma de Dios. La expresión “sed santos, porque yo soy santo” es una referencia directa a Levítico 11:44–45.

En una sociedad que aplaude el relativismo y la complacencia, hablar de santidad puede sonar anticuado. Sin embargo, Dios no ha cambiado su estándar. La santidad sigue siendo su mandato para nosotros, no como una carga, sino como una invitación a vivir en plenitud y comunión con Él. Dios nos llama a reflejar su carácter en cada aspecto de nuestra vida. No se trata solo de lo que hacemos en la iglesia, sino de cómo nos conducimos en el hogar, en el trabajo en la escuela y en la sociedad.

La santidad comienza internamente y trabaja externamente, no como una tarea pesada sino como la obra transformadora del Espíritu Santo en la vida del creyente. La santidad es una respuesta a nuestra esperanza en Cristo; no se trata de legalismo sino de reflejar el carácter de Dios. Los creyentes están llamados a vivir de manera diferente a sus vidas pasadas, rechazando viejos patrones y abrazando una vida que refleje la santidad de Dios. La santidad es a la vez abandonar los deseos pecaminosos y buscar activamente lo que es bueno y agradable a Dios. Nuestra búsqueda de la santidad está motivada por la esperanza que tenemos en el regreso de Cristo y la gracia futura. Por tanto, sométase al mandato de Dios de vivir vidas santas como respuesta a Su llamado y gracia, no como un medio para ganarse el favor. Mantenga sus ojos puestos en las promesas eternas de Dios, permitiendo que la esperanza del regreso de Cristo alimente su búsqueda de la santidad, Amén.

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