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1 Timoteo 4:7 “Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad”.

Por: Marianella Layana de Jácome 

Todo lo que tiene vida necesita cuidado para crecer. Un árbol no se mantiene fuerte por haber recibido agua una sola vez; necesita ser alimentado constantemente, recibir luz y desarrollar raíces profundas. Así también sucede con nuestra vida espiritual: no podemos esperar crecer en Dios si solo lo buscamos de vez en cuando. “Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará. “Salmos 1:3.

El salmista compara al creyente que busca a Dios con un árbol plantado junto a corrientes de agua. La imagen es hermosa porque un árbol con raíces profundas no depende de la lluvia del momento para mantenerse vivo; sino tiene una fuente constante que lo sostiene. De la misma manera, una persona que aprende a permanecer en la presencia de Dios encuentra fuerzas aun cuando atraviesa temporadas difíciles. Incluso un árbol atraviesa diferentes estaciones, pero mientras sus raíces permanecen conectadas a la fuente, sigue teniendo vida. 

Muchas veces queremos tener una fe más fuerte, más paciencia, más paz y un carácter parecido al de Cristo, pero olvidamos que todo crecimiento requiere un proceso. La madurez espiritual no sucede de un día a otro; sino que se construye día tras día mediante la oración, la lectura de la Palabra, la adoración y la obediencia.

Tener disciplina espiritual no significa hacer cosas para ganarnos el amor de Dios; significa responder al amor que Él ya nos ha dado. Cuando buscamos su presencia, Él transforma nuestra manera de pensar, sana nuestro interior y forma en nosotros el carácter de Cristo.

No abandonemos la búsqueda de Dios; sigamos acercándonos a Él, porque su Presencia es la fuente que renueva nuestras fuerzas. Una fe madura no se forma en un instante, sino que se forma cuando decides permanecer cerca de la fuente de Vida que es Cristo Jesús.

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