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1Corintios 14:12 Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia.

Por: Daniel Mora Jiménez

En días anteriores hemos hablado como Dios tiene un propósito individual para con cada uno de sus hijos, puesto que todo creyente al unirse al cuerpo de Cristo tiene un rol muy importante que cumplir en función de la perseverancia de los santos, redimidos por la sangre del cordero. Para este fin, en la soberana voluntad de Dios cada uno de los que conforman su Iglesia hemos sido dotados de dones o capacidades que sirven para un fin general, la edificación del cuerpo de Cristo. 

En el texto central, el apóstol Pablo exhorta a que abundemos de aquellos dones que Dios nos ha dado a fin de edificarnos los unos a los otros, sin embargo, debemos tener presente que los dones espirituales no son un fin en sí mismos, ni una plataforma para la exaltación personal, sino herramientas que Dios concede soberanamente para fortalecer el cuerpo de Cristo. Esto es necesario resaltar, debido a que vivimos en tiempos donde se han sobredimensionado y tergiversado el sentido de los dones que Dios ha entregado a la Iglesia, promoviendo el desorden en la vida espiritual de los creyentes y atribuyendo poderes especiales a determinadas personas que son consideradas especiales por una inexplicable “unción” mal atribuida al Espíritu Santo; al final todo esto no es más que el orgullo y el ego del corazón de un hombre que no ha nacido de nuevo. 

Nuestra actitud debe ser a la forma de Cristo, tal como lo menciona el apóstol Pablo en Filipenses 2:5 “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”, luego señala como nuestro Señor en todo lo que hizo en la tierra tenía un solo objetivo, servir y no ser servido. El propósito de Dios al otorgar dones es la edificación espiritual de la iglesia local, donde cada creyente ha sido dotado para servir, enseñar, exhortar o animar, de modo que toda la congregación crezca en madurez y unidad. Dios desea un pueblo arraigado en la verdad y firme en la fe, no confundido ni distraído por manifestaciones sin fruto espiritual.

Por último, este texto nos llama a examinar nuestras motivaciones. ¿Buscamos destacar o edificar? ¿Impresionar o servir? El propósito de Dios para los dones es que Cristo sea glorificado y Su iglesia fortalecida. Cuando cada miembro sirve con humildad y fidelidad, la iglesia refleja el diseño divino, un cuerpo unido, edificado en la verdad, y preparado para cumplir su misión en cada rincón del mundo. 

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