2 Corintios 4:18 “No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”
Por: José Vaquero Aragundi.
Hermanos, el mundo nos tienta constantemente a enfocar nuestra mirada en las cosas terrenales y visibles como por citar ejemplos el éxito, las apariencias, logros personales, bienes materiales, etc.
Pero el apóstol Pablo nos orienta a cambiar de objetivo, a mirar más allá de lo visible, a fijar nuestros ojos en lo invisible, en lo que no se ve, es decir en las cosas celestiales: Cristo.
No es difícil desanimarse cuando vemos en nuestro entorno problemas, dolor, incertidumbre. Pero Pablo que nos escribió estas palabras llevando una vida llena de sufrimientos y pruebas, nos recuerda que todo lo que vemos en este mundo son cosas pasajeras; ya sean las aflicciones, los desafíos e incluso los placeres de esta vida algún día van a terminar, son vanidad de vanidades como dice Eclesiastés.
Mientras que lo que no se ve: La gracia, el amor infinito de Dios y la promesa de la vida eterna son las cosas que perduran eternamente. Si vemos con nuestros ojos espirituales, viviremos con una perspectiva diferente, puesto que ya no reaccionamos solo a lo que ocurre en nuestro alrededor, sino que plenamente descansamos en la certeza de que Dios, está obrando en lo invisible, fortaleciéndonos en nuestro carácter y afirmándonos en la fe, preparándonos así para las cosas ahora invisibles en su Reino.
Queridos hermanos, hagamos una pausa y examinémonos a nosotros mismos, en dónde estamos poniendo nuestra mirada. ¿Nos interesan más las cosas pasajeras de esta vida, o tenemos la mirada fija en Cristo Jesús?.
Roguemos al Señor que abra nuestros ojos espirituales, quitando toda venda de ellos, para enfocar nuestra mirada en el autor y consumador de la fe como fieles discípulos que esperan con anhelo la venida de Cristo.