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2 Corintios 9:7 “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”.

Por: Pst. David Agustín Pérez Vera

Amados hermanos y amigos en este día de reflexión a la luz de la Palabra de Dios y, al tener la oportunidad de mirar la época que celebramos, la Navidad nos recuerda no solo el nacimiento de nuestro Señor Jesús, sino también la generosidad del Eterno hacia la humanidad. Él nos dio su Unigénito Hijo, un regalo inmenso que transformó la historia de toda la humanidad y nos abrió la puerta a la salvación que no merecíamos. En tal sentido, como imitadores de Cristo Jesús, estamos llamados a reflejar esa generosidad en nuestra vida cotidiana en todo lo que hacemos.

La verdadera generosidad no depende de la cantidad que damos, sino de la disposición y el corazón con que lo hacemos. Dar con alegría, sin esperar reconocimiento, es un acto de fe y amor que honra a Dios. La generosidad transforma relaciones, familias y sociedades en general, creando un ambiente de confianza, unidad y esperanza.

Que bendición que hoy se nos enseña en la Palabra de Dios, que dar no se limita a lo material. Podemos ofrecer tiempo, atención, palabras de ánimo, apoyo emocional y oración a quienes lo necesitan. La generosidad práctica impacta vidas de manera profunda, a veces más que cualquier recurso económico. Además, nos libera del egoísmo, fortaleciendo nuestro carácter y nuestra relación con el Eterno Padre por medio de su Hijo Jesucristo.

El Espíritu Santo nos enseña a discernir cómo y cuándo dar. Nos guía a ser sensibles a las necesidades de otros, a actuar con misericordia y a compartir lo que tenemos sin resentimiento ni obligación. Al hacerlo, experimentamos una alegría profunda y duradera, porque participar en la obra de Dios siempre produce bendición, tanto para quien da como para quien recibe.

Al deliberar en este día sobre cómo podemos dar de todo lo recibido por gracia, esto nos desafía a mirar por medio de la Palabra el carácter de nuestro Padre Celestial y saber que nada nos fue escatimado por Él y, por eso podemos dar con generosidad y gozo, de todo nuestro tiempo, habilidades o recursos a Aquel que todo lo merece sin reserva. Shalom.

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