2 Timoteo 4:5 “Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio”.
Por: Ericka Herrera de Avendaño
Pablo le escribe esto a Timoteo, y hoy el Espíritu Santo te lo dice a ti. La instrucción “sé sobrio en todo” es abarcadora. No solo en la iglesia, sino en tu trabajo, en tus finanzas, en tus relaciones. La sobriedad es un estilo de vida de equilibrio y dominio propio.
Pero fíjate con qué conecta Pablo esta sobriedad: con “soportar las aflicciones”. A menudo, perdemos la sobriedad cuando llega el dolor o la injusticia. Nos embriagamos de autocompasión (“¿por qué a mí?”), de ira o de depresión. Mantenerse sobrio en medio de la aflicción, significa confiar en que “Dios sigue en control aunque duela”.
Además, la sobriedad nos mantiene enfocados en la misión: “Haz obra de evangelista”. El dolor tiende a encerrarnos en nosotros mismos, pero la sobriedad nos empuja hacia afuera, a seguir salvando almas. Iglesia, no dejes que los problemas personales te desenfoquen de tu propósito eterno. Cumple tu ministerio. Que la dificultad no sea una excusa para tirar la toalla, sino el escenario donde tu firmeza y constancia brillen más fuerte para la gloria de Dios.