Romanos 12:16 “Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión”.
Por: Nelly Jácome de Pérez
El apóstol Pablo nos exhorta a vivir en armonía unos con otros, a no ser altivos, sino a relacionarnos con humildad y sencillez, a tener a una actitud de unidad y amor fraternal. Quizá más que ninguno de los apóstoles, Pablo podría haber reivindicado una posición superior en la Iglesia. Era fariseo e hijo de fariseo (Hechos 23:6), judío romano, criado y educado en Jerusalén. Se formó cuidadosamente en las leyes y costumbres judías con Gamaliel (Hechos 22:3), un fariseo muy honrado y respetado, miembro del consejo y maestro de la ley. Pero Pablo comprendió que su condición ante Dios se basaba enteramente en la gracia y la misericordia del Señor y no en el linaje, el pedigrí, la herencia o cualquier mérito personal.
En nuestra vida diaria, es fácil caer en la trampa del orgullo y de la autosuficiencia. El mundo nos enseña a ser competitivos, a buscar nuestro propio beneficio y a considerar nuestras opiniones como superiores. Sin embargo, la Palabra de Dios nos insta a tener una actitud diferente, a ser humildes y a valorar a los demás.
La humildad no significa pensar menos de nosotros mismos, sino pensar menos en nosotros mismos y más en los demás. Nos invita a reconocer que todos somos parte del cuerpo de Cristo y que cada uno tiene su propio valor y propósito.
El Señor Jesucristo, nuestro Salvador, es el ejemplo perfecto de humildad. Aun siendo Dios, el dueño del universo, de la tierra y su plenitud, se humilló a sí mismo y se hizo siervo hasta la muerte de cruz por salvarnos. Dejó su gloria para redimirnos y rescatarnos de la esclavitud del pecado, para creyendo en Él tengamos vida eterna.
Debemos tener la misma actitud que Jesús, que, aunque era Dios, renunció a Sus privilegios divinos y adoptó la humilde posición de un esclavo, rebajándose a la condición humana y muriendo en la cruz de un criminal. Que podamos reflejar el carácter de Cristo, en nuestras relaciones y vivir en un mismo sentir, glorificando así Su Santo nombre, Amén.