Filipenses 4:7 “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.
Por: Marianella Layana de Jácome.
Vivimos en un mundo donde muchas cosas pueden robar nuestra paz. Las preocupaciones del futuro, las dificultades presentes, las pérdidas, las enfermedades y las situaciones que no podemos controlar pueden llenar nuestra mente de temor y nuestro corazón de ansiedad. Muchas veces buscamos tener paz cuando todo esté resuelto, cuando la respuesta llegue o cuando las circunstancias cambien. Pero la paz que Dios ofrece es diferente: no depende de que todo esté bien a nuestro alrededor, sino de saber que Dios permanece en control.
Cuando Pablo escribió estas palabras, no lo hizo desde una vida cómoda y sin problemas. Él escribió desde una situación de sufrimiento, estando limitado por circunstancias difíciles. Sin embargo, descubrió una verdad profunda: la presencia de Dios puede llenar el corazón de una paz que las circunstancias no pueden quitar. Esta paz no significa que nunca lloraremos o que nunca sentiremos preocupación; significa que en medio de esas emociones podemos descansar en las manos de un Padre que nos sostiene.
La palabra que Pablo utiliza cuando dice que la paz de Dios “guardará” nuestros corazones y pensamientos tiene la idea de protección y vigilancia. Así como un soldado custodia una ciudad para impedir que el enemigo entre, la paz de Dios protege nuestro interior de pensamientos que quieren llenarnos de miedo, desesperación o desesperanza.
Esto nos enseña que Dios no solamente quiere cambiar nuestras circunstancias externas; también quiere cuidar nuestro mundo interior. Muchas veces pedimos que Él quite la tormenta, pero mientras atravesamos esa tormenta, Dios trabaja formando una fe más profunda, una confianza más firme y un corazón más dependiente de Él.
Un creyente inmaduro puede tener paz solamente cuando todo está bajo control; pero un creyente maduro aprende que su paz no está en tener el control, sino en saber quién tiene el control. Filipenses 4:7 nos recuerda que no caminamos solos. Dios puede colocar una paz sobrenatural dentro de nosotros, una paz que no siempre puede explicarse con palabras, pero que puede experimentarse cuando entregamos nuestras cargas en sus manos.
Cristo es nuestra seguridad en medio de la incertidumbre, nuestro refugio en medio de la tormenta y nuestra esperanza cuando las fuerzas faltan.