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Mateo 24:13 “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.”

Por: Marianella Layana de Jácome.

Imagina que estás cruzando un puente y, de repente, comienza a derrumbarse detrás de ti. Al otro lado está tu única oportunidad de vivir. Aunque el miedo te invada, tus piernas tiemblen y cada paso parezca más difícil que el anterior, ¿te detendrías? Claro que no. Seguirías avanzando con todas tus fuerzas, porque sabes que tu vida depende de llegar al otro lado.

En la vida habrá momentos en los que el camino se volverá difícil. Llegarán pruebas, desilusiones, tentaciones y circunstancias que intentarán hacernos retroceder. Habrá días en los que parecerá que Dios guarda silencio y otros en los que sentiremos que ya no tenemos fuerzas para continuar. Sin embargo, Jesús nos recuerda que la victoria pertenece a quienes permanecen firmes en Él.

Cuando Jesús pronunció estas palabras, estaba preparando a sus discípulos para tiempos de aflicción. No les prometió una vida libre de problemas, pero sí les aseguró que quienes permanecieran fieles demostrarían una fe verdadera. La perseverancia no gana la salvación; es la evidencia de un corazón que realmente ha puesto su confianza en Cristo.

Perseverar no significa nunca tropezar. Significa levantarse una y otra vez, seguir orando cuando no ves respuestas, seguir obedeciendo cuando es difícil y seguir creyendo cuando las circunstancias parecen decir lo contrario. Jesús es nuestro mayor ejemplo. Él soportó el sufrimiento de la cruz porque tenía puesta su mirada en el propósito del Padre. No abandonó el camino, y gracias a su fidelidad hoy tenemos esperanza y salvación.

Muchos creyentes libran batallas que nadie conoce. Algunos enfrentan enfermedades, pérdidas, dificultades familiares o incertidumbre sobre el futuro. En esos momentos, rendirse puede parecer la opción más fácil, pero Jesús nos anima a permanecer firmes. La vida cristiana no consiste en llegar rápido, sino en permanecer fieles. Nuestra esperanza no está en nuestras propias fuerzas, sino en Cristo, quien nos sostiene en cada paso y será fiel para terminar la buena obra que comenzó en nosotros.

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