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Apocalipsis 3:15-16 “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.”

Por: José Antonio Villegas Zambrano

El Señor Jesús dirige un mensaje directo, tajante y confrontativo a la iglesia de Laodicea, lamentablemente es un perfil que describe a gran parte del cristianismo contemporáneo. La palabra “caliente o Ferviente” proviene del griego “zestos”, que significa estar hirviendo, ardiente, lleno de un fuego intenso y burbujeante. La tibieza, en contraste, representa un estado de neutralidad espiritual, un intento de acomodo donde la iglesia busca mantener una apariencia piadosa el domingo mientras vive en total conformidad con las modas y deseos del mundo durante la semana.

La iglesia tibia no niega directamente la doctrina cristiana, ni promueve herejías escandalosas; sino que sutilmente diluye la verdad, reduce el impacto del pecado y olvida el poder del Espíritu Santo para abrirse a la complacencia pintada de gracia y la autosuficiencia. Este estado espiritual es abominable ante los ojos del Santo de Israel porque presenta una deformación del verdadero carácter de Cristo ante el mundo. La firmeza real exige fervor, estar ardiendo en nuestros espíritus.

¿Hemos caído en la trampa de considerar que estamos firmes solo porque asistimos a las reuniones de la iglesia, mientras nuestros corazones están lejos de Dios y carentes del fuego del Espíritu Santo?

La autosuficiencia era la causa principal del engaño espiritual de Laodicea. Al estar rodeada de riquezas, comodidades, la iglesia llegó a decir que no tenía necesidad de nada, ignorando que ante la mirada del Salvador era todo lo contrario: desventurada, miserable, pobre, ciega y desnuda. Para mantenernos firmes y constantes en la verdad necesitamos de un corazón sincero y humilde con total necesidad y dependencia de Dios, reconociendo que separados de Él nada podemos hacer.

Para salir de la tibieza espiritual y recuperar el firme fervor santo, el Señor aconseja a su iglesia comprar de Él oro refinado en fuego y vestiduras blancas para cubrir la vergüenza de su desnudez moral. Esto implica un llamado urgente al arrepentimiento genuino, a la purificación en santidad y al retorno a la oración profunda para una vida de consagración.

Amada iglesia del Dios vivo, los animo a reaccionar frente a toda tibieza espiritual que intente adormecer nuestra fe. Que nuestras vidas ardan como antorchas encendidas, proclamando la verdad divina con denuedo y pasión hasta el glorioso regreso de nuestro Señor Jesucristo, Amén.

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