Oseas 4:6 “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te desecharé del sacerdocio.”
Por: José Antonio Villegas Zambrano
El profeta Oseas expone una de las verdades más trágicas y solemnes de la historia del pueblo de Dios, aplicable a la condición de la iglesia contemporánea. La palabra “Conocimiento” en el hebreo original es “da’at”, que va mucho más allá de datos intelectuales o teológicos; hace referencia a un discernimiento agudo y una comunión íntima basada en la obediencia a los mandamientos de Dios. La destrucción espiritual de una comunidad ocurre por el vacío doctrinal interno de una iglesia que ignora el carácter del Dios al que dice adorar.
En la actualidad, nos enfrentamos al auge de un analfabetismo bíblico, alarmante dentro de las propias congregaciones. Muchos creyentes fundamentan su fe en emociones o en experiencias personales careciendo de un fundamento sólido de las escrituras. La firmeza demanda un conocimiento profundo de las Escrituras.
Desechar el conocimiento implica una decisión voluntaria de ignorar las advertencias y los preceptos de Dios. Cuando la iglesia sustituye la exposición de la Palabra por espectáculos de entretenimiento o psicología motivacional, está despojando a los santos de las herramientas necesarias para resistir el día malo. Un pueblo sin conocimiento se vuelve propenso a ser arrastrado por falsas doctrinas y a caer en una decadencia espiritual irreversible.
Debemos recuperar la pasión por el estudio de las Escrituras y la meditación de la ley divina que afirman nuestros pies sobre la roca. La madurez espiritual colectiva de una congregación se hace visible cuando sus miembros aman la verdad y dedican tiempo a escudriñar las escrituras, pero más aún lo aplican en sus todas sus decisiones (comerciales, laborales y familiares cotidianas).
Amada iglesia, los invito a volver sus corazones hacia el estudio y la obediencia de la Palabra de Dios. Permitamos que la verdad de las Escrituras gobierne cada área de nuestra conducta. Permanezcamos resplandeciendo como columnas y baluarte de la verdad dante un mundo ciego y sin conocimiento. Amén.