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Apocalipsis 16:15 “He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza”.

Por: Ericka Herrera de Avendaño 

En medio de las profecías finales, Jesús inserta esta advertencia personal. Su venida será sorpresiva (“como ladrón”) para aquellos que no lo esperan. Pero para la Iglesia que ama Su venida, hay una bienaventuranza (una felicidad suprema): “Bienaventurado el que vela”.

La imagen de “guardar sus ropas” es poderosa. En la antigüedad, un guardia que se dormía en su puesto podía ser castigado despojándolo de sus ropas y quemándolas, dejándolo desnudo y avergonzado. Espiritualmente, nuestras ropas son las vestiduras de justicia y santidad que Cristo nos dio. Velar significa mantener esas vestiduras limpias y puestas.

No queremos ser hallados “desnudos” (viviendo en pecado, desprovistos de fruto espiritual) cuando Él regrese. La sobriedad es vivir con dignidad espiritual. Es cuidar nuestro testimonio. Hoy, reflexiona: ¿Hay manchas en tu vestidura que necesitas lavar con la sangre de Cristo? ¿Estás viviendo de una manera que te daría vergüenza si Jesús llegara ahora mismo? Arréglalo hoy. Sé de los bienaventurados que viven listos, vestidos de santidad, esperando con gozo al Rey de Reyes.

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