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Deuteronomio 10:12-13 Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad?

Por: Daniel Mora Jiménez

En el texto central se nos muestra una pregunta muy importante y directa para nuestras vidas, “¿Qué pide Jehová tu Dios de ti?”. Cuando observamos el texto nos podemos dar cuenta que la demanda de Dios no gira en torno en rituales complejos ni en cargas insoportables, sino en una relación viva con Él. Temerle, andar en sus caminos, amarle y servirle con todo el corazón revelan que la obediencia bíblica nace del vínculo relacional, no de la obligación fría. Dios no busca súbditos mecánicos, sino hijos que caminen con Él de manera consciente y reverente. 

El texto deja claro que la obediencia tiene un propósito definido y es nuestro bien, puesto que señala bendición en la vida de aquellos que le obedecen. Esto desmonta la idea de que los mandamientos de Dios son restrictivos o punitivos. Al contrario, la obediencia es el camino que Dios diseña para proteger, formar y bendecir a su pueblo. Obedecer no es perder libertad, sino aprender a vivir dentro del orden divino que conduce a la vida plena. No coartamos la libertad de nuestros hijos porque le prohibimos meter la mano en un interruptor, al contrario, estamos mostrando nuestro interés por preservar su vida por amor; de la misma forma vemos la ley de Dios, un Padre que guarda a sus hijos.   

Además, la obediencia integral que Dios demanda involucra el corazón y el alma. No basta con cumplir externamente; Dios desea una entrega interna que transforme nuestras motivaciones. Amar y servir a Dios con todo el ser implica alinear nuestras decisiones diarias con su voluntad, entendiendo que cada mandato refleja su carácter justo y bondadoso. La verdadera obediencia siempre apunta al propósito mayor, una vida formada por el amor, guiada por la verdad y sostenida por la gracia de Dios.

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