Efesios 2:10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.
Por: Daniel Mora Jiménez
El apóstol Pablo nos recuerda una verdad poderosa, “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. Nuestra vida no es producto del azar ni resultado de méritos propios; somos obra maestra de Dios. Él nos formó con un propósito, con diseño y conforme a su voluntad. Desde antes de que creyéramos, ya había preparado un camino para que reflejáramos su obra en el mundo.
Este versículo también nos enseña que las buenas obras no son el medio para ganar la salvación, sino la evidencia de una vida transformada por la gracia. El Padre nos forma en Cristo para que nuestra manera de vivir muestre lo que Él es: bondadoso, justo, misericordioso y santo. Cada acto de servicio, cada palabra de aliento, cada decisión correcta se convierte en un espejo que refleja la buena obra que Dios ha hecho primero en nosotros.
El propósito de Dios no es solo cambiarnos internamente, sino manifestarse externamente a través de nuestra conducta. Somos llamados a caminar en las obras que Él preparó, no en las nuestras. Esto nos libra de vivir sin dirección y nos invita a depender de su guía diaria. Cuando seguimos sus pasos, nuestra vida deja de ser común y se transforma en un testimonio visible de la gracia divina. Somos su obra, y fuimos diseñados para reflejar su belleza en cada área de nuestra vida. Al hacerlo, cumplimos el propósito de Dios: que el mundo pueda ver, a través de nosotros, la buena obra que solo Él puede realizar.