Efesios 4:16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.
Por: Daniel Mora Jiménez
El texto nos brinda una visión profunda acerca de la visión del apóstol Pablo sobre la Iglesia como un cuerpo unido por sus coyunturas trabajando solidariamente para su solidez. Es así como este pasaje revela que la unidad no es un accidente ni un ideal opcional, sino parte esencial del propósito de Dios. Él diseñó a la iglesia para funcionar como un organismo vivo, donde cada miembro es necesario y está conectado de manera intencional para reflejar la plenitud de Cristo.
El propósito de Dios en esta unidad es el crecimiento espiritual del cuerpo. Pablo señala que cada parte cumple su función conforme a la medida que Cristo le ha dado, produciendo un crecimiento sano y equilibrado. Cabe recalcar que la unidad no elimina la diversidad, por el contrario, esta es una manifestación del poder de Dios en el cual partes diferentes complementan una estructura firme que refleja su imagen. Dios usa distintos dones, ministerios y personalidades para edificar una iglesia madura, siempre que cada uno sirva con humildad y amor.
Es muy importante que tengamos en cuenta que aquella fuerza que mantiene unido al cuerpo es el amor, puesto que las estructuras o acuerdos en nuestra forma de pensar no será posible en una totalidad, siendo que la verdadera unidad se produce en corazones transformados por el poder de la Palabra de Dios. Su propósito es que la iglesia sea un espacio donde el amor de Cristo gobierne las relaciones, sane las heridas y fortalezca los vínculos entre los creyentes.
Es así como el texto central nos llama a asumir nuestra responsabilidad personal dentro del cuerpo. La unidad de la iglesia se encuentra comprometida cuando algún miembro deja de cumplir su función, pero florece cuando todos sirven fielmente. El propósito de Dios se cumple cuando cada creyente entiende que su vida, su servicio y su amor contribuyen a la edificación de un cuerpo unido, que crece para la gloria de Cristo y como testimonio vivo ante el mundo.