Efesios 5:31-32 POR ESTO EL HOMBRE DEJARÁ A SU PADRE Y A SU MADRE, Y SE UNIRÁ A SU MUJER, Y LOS DOS SERÁN UNA SOLA CARNE. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia.
Por: Daniel Mora Jiménez
En el Edén, aquel jardín de Dios, encontramos la institución más importante de todo el desarrollo histórico de la humanidad, la unión de dos personas distintas en su biología, pero creadas por el mismo Ser con un propósito eterno. Es así como Dios creó a Adán, pero en su amor vio que aquel hombre necesitaba de una ayuda idónea y es así como tomó del mismo hombre, el material primero que formó para traer a la existencia a una mujer que sería por expresión de Adán “huesos de mis huesos, carne de mi carne”. Pero Dios además de creerlos les dio un propósito eterno, tal como lo menciona Génesis 1:28.
Por lo tanto, el texto central nos recuerda que el matrimonio no es solo una unión humana, sino una idea que nace en el corazón de Dios. El apóstol Pablo cita Génesis al decir que “los dos serán una sola carne”, y luego revela que este misterio apunta a algo más grande: la relación entre Cristo y la iglesia. Esto nos muestra que, desde el principio, Dios diseñó las relaciones humanas con un propósito espiritual profundo, siendo que aquella figura matrimonial sería la tipología del plan eterno de Dios, en el cual Cristo se uniría a una novia ataviada, la Iglesia. Recordemos que nada en su creación es casualidad; todo responde a un plan eterno.
Cuando entendemos que el matrimonio refleja la unión entre Cristo y su Iglesia, comprendemos que el propósito de Dios no solo es unir personas, sino revelar su amor al mundo por medio de aquella unidad matrimonial terrenal. Así como Cristo se entrega por la iglesia, los creyentes están llamados a vivir relaciones marcadas por entrega, respeto y fidelidad el uno del otro. El propósito divino no se limita a la felicidad personal, sino que nos pone el reto de que nuestros matrimonios no sean un reflejo de las costumbres del mundo, puesto que muchos describen el matrimonio como un simple contrato civil, una unión de carácter legal; pero en la mente de Dios no está graficado tal idea humana y terrenal. Es la voluntad de Dios que dos personas de distinto sexo, hombre y mujer, dos personas que portan la imagen de Dios en sus vidas, sean a la vez el reflejo al mundo entero del amor que Dios derramar sobre aquellos que quieren formar parte del compromiso eterno, del matrimonio espiritual.
Finalmente, el texto de efesios nos anima a vivir conscientes de que formamos parte de un plan mayor. Dios no improvisa; Él cumple su propósito a través de nosotros. Al recordar que somos unidos a Cristo, aprendemos a confiar en su dirección y a vivir de manera que nuestras vidas reflejen su amor. Que hoy podamos asumir ese compromiso de que nuestros matrimonios reflejen aquel compromiso espiritual de Cristo y la Iglesia.