Estamos Ubicados en:
Ximena 421 y Padre Solano,
info@pibguayaquil.com
Fono: +593 98 901 0216
Berajot
berajot@pibguayaquil.com
Fono: +593 98 901 0216

Éxodo 24:16-17 Y la gloria de Jehová reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días; y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube. Y la apariencia de la gloria de Jehová era como un fuego abrasador en la cumbre del monte, a los ojos de los hijos de Israel.

Por: Dayse Villegas Zambrano

Lo que para unos es más de lo que pueden soportar, para otros es una experiencia inolvidable. En el capítulo 24 de Éxodo, Dios hace un pacto con Israel con Moisés como oficiante. Él y los sacerdotes y un grupo de líderes ven a Dios a lo lejos, sin sufrir ninguna consecuencia. 

Pero la experiencia más cercana es la de Moisés (y su servidor Josué), ellos suben al monte Sinaí y entran a la nube que oculta la presencia de Dios de la vista de los demás. Lo que los otros ven es la apariencia de la gloria de Dios, que describen como un fuego abrasador en el que Moisés estuvo cuarenta días y cuarenta noches, y de la que no solo volvió con vida, sino cargado de información que se convertiría en las leyes de la nación. 

¿A quién se le ocurre subir a una montaña en llamas? A Moisés, que sabe que del otro lado no le espera la muerte ni el limbo, sino una reunión de trabajo con Dios, en el que recibe instrucciones detalladas de cómo construir el tabernáculo y sus implementos, desde el mobiliario hasta el altar y la ropa de los sacerdotes; los materiales, las dimensiones, el peso, los colores. Cómo organizar las ofrendas, los rituales, el culto. A quienes debería designar para las tareas más importantes. De ese encuentro Moisés regresaría con las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios (Éxodo 31:18). 

¿Por qué, a menudo, en nuestras congregaciones no todos estamos buscando la cercanía y la presencia de Dios? Tal vez porque intuimos que, como Moisés, nos están llamando al más grande compromiso de nuestras vidas, y no queremos tomarlo. Miramos de lejos la montaña en llamas y a los que suben a ella, nos asombramos, aplaudimos, pero no nos acercamos, porque decidirnos a llevar una vida que glorifique a Dios nos parece mucho trabajo, mucho esfuerzo, mucha perseverancia. ¿En este año queremos seguir de esa manera? ¿O queremos subir hoy y sentarnos a la mesa de trabajo de Dios para recibir nuestra encomienda?

Usamos cookies para una mejor experiencia de usuario.