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FIRMES Y CONSTANTES EN LA UNIDAD Corintios 1:10 “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer”.

Por: Nelly Jácome de Pérez

Pablo apela a la unidad de la iglesia, instando a los creyentes a estar de acuerdo en lo que creen y en cómo viven, en lugar de permitir que las opiniones personales creen divisiones. A través de este mensaje, podemos aprender sobre la importancia de la unidad en el cuerpo de Cristo, un valor fundamental para cualquier iglesia que busca reflejar el amor de Dios.

Este pasaje nos desafía a reflexionar como creyentes, la manera en que debemos manejar los desacuerdos, las tensiones internas, a fin vivir en un ambiente de  paz y  unidad dentro del cuerpo de Cristo. Es importante señalar, que las divisiones y las contiendas no tienen cabida en la comunidad cristiana. La unidad no significa uniformidad, pero sí un acuerdo fundamental en cuanto a la verdad de la salvación y en el propósito de la iglesia. El amor de Dios es el vínculo que une a todos los creyentes, y la unidad debe ser preservada en ese amor.

En la vida cristiana, los desafíos para mantener la unidad y evitar las divisiones son reales. Sin embargo, la gracia de Dios nos llama a ser un reflejo de su unidad, amor y propósito. La iglesia no es un lugar de competencia, sino de comunión en Cristo. Hoy, más que nunca, debemos volver a enfocarnos en lo que realmente nos une: la cruz de Cristo. Este es el fundamento sólido de nuestra fe y el camino hacia una vida cristiana auténtica.

Vivimos en un mundo que a menudo fomenta la competencia y las divisiones, incluso dentro de la iglesia. Sin embargo, Dios nos llama a ser un cuerpo unido en Cristo. En tus relaciones dentro de la iglesia, ¿Cómo fomentas la unidad? Reflexiona sobre la importancia de hablar el mismo mensaje y tener un mismo propósito en Cristo, superando cualquier diferencia que pueda surgir.

Señor, gracias por el regalo de tu unidad en Cristo. Perdona si alguna vez he permitido o he dado lugar a situaciones que no edifican mi vida. Ayúdame a mantener mi foco en ti. Que la cruz sea el fundamento de mi vida y que, como iglesia, podamos ser un testimonio vivo de tu amor y unidad, en el nombre de Jesús, amén”.

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