Hechos 20:24 Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.
Por: Daniel Mora Jiménez
En el texto central, el apóstol Pablo declara que no considera su vida valiosa para sí mismo, con tal de terminar su carrera y cumplir el ministerio que recibió del Señor Jesús. Esta afirmación revela que el propósito personal en la obra de Dios nace de una convicción profunda, nuestra vida cobra verdadero sentido cuando está alineada con el llamado divino. No se trata de buscar reconocimiento, sino de ser fieles al propósito que Cristo ha puesto en nosotros.
Pablo entendía que su propósito estaba ligado al evangelio de la gracia de Dios. De igual manera, Epístola a los Efesios 2:10 nos recuerda que somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Él preparó de antemano. Al observar detenidamente todo lo anterior debemos comprender que nuestro propósito no está orientado en una dirección improvisada ni accidental; sino que fue diseñado por Dios. Cada talento, experiencia y proceso forma parte de Su plan para que participemos activamente en Su obra.
Además, vivir con propósito requiere perseverancia y enfoque. En 2 Timoteo 4:7, Pablo afirma: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.” Esto nos enseña que cumplir con el propósito personal en Dios implica constancia, aun en medio de pruebas y oposición. La meta no es comenzar con entusiasmo momentáneo, puesto que nuestras emociones son fluctuantes, hoy queremos iniciar el mayor cambio de nuestras vidas y mañana ya no tenemos ánimo para hacerlo, por lo tanto, lo esencial para el propósito personal es la fidelidad al llamado divino. La obra de Dios demanda compromiso continuo y una mirada fija en Cristo.
Finalmente, cuando entendemos nuestro propósito en la obra de Dios, dejamos de vivir para metas temporales y abrazamos una visión eterna. Nuestra vida se convierte en instrumento para anunciar Su gracia y servir a otros. Cada día es una oportunidad para avanzar en la carrera que nos fue asignada. Que podamos decir, como Pablo, que nuestro mayor anhelo es completar la misión recibida, sabiendo que en ello encontramos la plenitud y el verdadero significado de nuestra existencia. Amén.