Isaías 62:6 “Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás. Los que os acordáis de Jehová, no reposéis”.
Por: Ericka Herrera de Avendaño
La vigilancia del centinela de Dios no conoce horarios; es una labor de “todo el día y toda la noche”. Esto nos habla de la constancia absoluta que el tema de este mes nos exige. La Iglesia no puede ser centinela solo cuando hay campañas evangelísticas o cuando estamos en el templo; debemos ser guardas en todo momento.
El texto nos da una instrucción impactante: “no reposéis”. No se refiere a no dormir físicamente, sino a no permitir que nuestro espíritu caiga en la pasividad o en el descanso de la autocomplacencia. Un guarda que reposa en su turno permite que el enemigo salte el muro sin ser detectado.
Ser sobrios es entender que la batalla espiritual no tiene tregua. Velar significa recordar a Jehová Sus promesas y Sus juicios continuamente. La oración del centinela es una oración que “importuna” al cielo con fe. Si hay algo que te preocupa de tu congregación o de tu familia, no descanses hasta ver la respuesta de Dios. Estar firmes sobre los muros significa que no te bajarás de tu posición de fe a pesar del cansancio o del tiempo que pase. La constancia se alimenta del amor por la ciudad de Dios.
Muchas veces, los muros de nuestra vida espiritual se agrietan por el descuido, pero el centinela está ahí para detectar la grieta y pedir la restauración. Hoy, te animo a retomar tu turno de guardia con renovado vigor. No le des descanso a tu oración hasta que veas la justicia de Dios resplandecer. La Iglesia que no calla es una Iglesia que prevalece. Sé ese guarda que, aun en la noche más oscura de la prueba, sigue declarando la soberanía de Dios y velando por el bienestar de todos los santos.