Juan 1:14 “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.
Por: Dayse Villegas Zambrano
¿Quién ha visto la gloria de Dios? Moisés ya no está solo, todos nosotros hemos ‘entrado al chat’. Hemos conocido al Señor Jesús. Somos más que un grupo, somos una comunidad formada por creyentes de todos los tiempos que compartimos la misma experiencia trascendental: ¡Cristo vive!.
Un selecto grupo lo vio en persona y convivió con él, pero la totalidad de la iglesia ha sido salvada y recubierta de Cristo y habitada por su Santo Espíritu. Ahora hablamos de él y él habla a través de nosotros.
Aún más, no podemos decir siquiera que no lo conocemos físicamente, porque él tiene un cuerpo que es tanto espiritual como material y somos nosotros. Jesús no dejó nada al azar, cuando él se fue, todo quedó debidamente organizado.
Dejó a uno como él en su lugar para que no estuviéramos solos (Juan 14:16-17).
Dejó un testamento con herencia para cada uno de nosotros (Juan 14:2). Dejó en claro que iba a volver por nosotros (Juan 14:18) y que sería pronto (Apocalipsis 22:20).
A un día de terminar este mes y este tema –estar firmes y constantes en glorificar a Dios– queremos animarnos unos a otros con este pensamiento: es verdad que él ascendió corporalmente a los cielos y desde entonces lo anhelamos muchísimo, pero también es cierto que él volverá y que será pronto. Aquel Verbo que fue hecho carne habitará una vez más entre nosotros y veremos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.