Juan 11:40 “Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”.
Por: Dayse Villegas Zambrano
Originalmente, esta frase, que es muy alentadora, fue una reprensión. Jesús está ordenando que quiten la piedra del sepulcro de Lázaro para poder resucitarlo, pero Marta quiere aterrizar al maestro en la tétrica realidad de la muerte: ‘Tiene cuatro días’, dice, o lo que es lo mismo: No lo hagas, porque lo que pides es imposible e incluso desagradable.
Pero Jesús hace quitar la piedra y antes del milagro, glorifica a Dios, le da las gracias y dice una curiosa frase: ‘Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado’.
La incredulidad es un obstáculo grande como una piedra tapando la entrada de una cueva. Hará falta un pequeño ejército, un explosivo o un milagro para quitarla. Jesús la quita con unas palabras que nos empujan muy firmemente hacia la fe. Si crees, verás la gloria de Dios.
Usted y yo necesitamos ver la gloria de Dios en este año. Tenemos que dejar de vivir como si fuera opcional. El creyente se llama así porque cree, porque tiene fe y porque tiene la audacia de pedir milagros de Dios con total confianza (Santiago 1:6), pero un creyente sin fe anda ciego, dudando e incluso rechazando activamente la esperanza de ver a Dios actuando en su vida. Un creyente que duda solo puede tener una certeza: no recibirá cosa alguna (Santiago 1:7).
Dudar equivale a ser inconstante en todas las áreas de la vida (Santiago 1:8). No hay tiempo ya para eso. Usted adopte una actitud de fe. En este año ore, y delante de quien sea y de la situación que sea, diga como Jesús: “Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes”.