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Juan 15:5 “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto, porque sin mí nada podéis hacer”.

Por: Xavier Yánez Cando

En este pasaje de la Biblia la Palabra de Dios, Jesús se presenta como la Vid verdadera. No dice que es una opción, ni un complemento, ni una ayuda ocasional. Él declara con claridad: “Yo soy la vid”. Esto define nuestra identidad como iglesia: no somos la fuente, somos los pámpanos. No producimos vida por nosotros mismos; la recibimos de Cristo.

Una iglesia firme y constante no es aquella que depende de su estructura, programas o talentos humanos, sino aquella que permanece en Cristo. Permanecer implica comunión diaria, obediencia constante, dependencia total y una relación viva con Él.

Permanecer es más que asistir; es habitar en Cristo. Es mantener una conexión continua por medio de la oración, la Palabra y la obediencia. Una iglesia Cristo-céntrica no gira alrededor de tendencias culturales ni de líderes humanos; gira alrededor de Jesús.

Cuando Cristo es el centro: La predicación exalta su nombre, las decisiones buscan su voluntad, la unidad se fundamenta en su verdad y la misión refleja su corazón. Seamos una iglesia constante, arraigada en Cristo, conectada a la Vid verdadera, produciendo fruto que permanezca para la gloria de Dios.

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