Juan 17: 3-5 “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”.
Por: Marianella Layana de Jácome
Muchas veces nos preguntamos: ¿Cómo puedo glorificar a Dios con mi vida? La respuesta está en el ejemplo de Jesús, quien glorificó perfectamente al Padre. Si deseamos vivir para su gloria, necesitamos pedirle al Espíritu Santo que nos enseñe a hacerlo.
Glorificar a Dios comienza con conocerlo. No se trata solo de información que podamos obtener, sino de una relación íntima y personal con Él. Es allí donde entendemos su voluntad, aprendemos a conocerlo y permitimos que Él sane nuestro corazón y transforme nuestras vidas.
Meditar en su Palabra, amarla y vivirla nos lleva a glorificar su Nombre en plenitud. A través de la Biblia, el Espíritu Santo nos revela lo que Dios nos ha concedido, y nos muestra que Jesús vino a habitar entre nosotros, se humilló, dio su vida en la cruz, y abrió el camino para que tengamos una relación restaurada con nuestro Padre Dios.
Es impactante ver cómo muchos religiosos, en el tiempo de Jesús, que pese a conocer las Sagradas Escrituras no pudieron reconocerlo, y lo rechazaron, no obstante, los humillados, los enfermos, discapacitados y necesitados sí lo vieron tal como es, creyeron en Él, fueron restaurados y le dieron gloria. Hoy, nosotros que no lo hemos visto físicamente, ni fuimos testigos de sus obras maravillosas, y sin embargo hemos creído, eso nos hace privilegiados y nos permite también glorificarlo con todo nuestro ser.Lo glorificamos cuando conocemos y obedecemos su Palabra, y el mayor y mejor ejemplo de ello fue nuestro Señor Jesucristo. “No podemos honrar, respetar ni amar aquello que no conocemos”.