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Juan 17:21 para que todos sean uno. Como tú, oh, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.

Por: Daniel Mora Jiménez

Estamos ante uno de los textos más profundos de la biblia. Es el deseo del corazón de Cristo, una oración al Padre por los creyentes, por su Iglesia; en aquella petición encontramos la naturaleza de la Iglesia siendo una unidad entre diversos. La unidad cristiana no es una idea humana ni una estrategia organizativa; es el propósito eterno de Dios manifestado en la comunión entre sus hijos. Así como el Padre y el Hijo viven en perfecta unidad, Dios desea que su pueblo refleje esa misma realidad espiritual en la tierra.

Esta unidad no se basa solo en afinidades personales o acuerdos externos, sino en una vida compartida en Cristo, siendo el común entre los diversos el hecho de haber sido comprados con el mismo precio de sangre, redimidos, perdonados, regenerados, santificados y preservados según el plan perfecto de Dios. Cuando el creyente permanece en Dios, el Espíritu produce vínculos que superan diferencias culturales, generacionales o de carácter. El propósito de Dios es que su iglesia sea un cuerpo vivo donde cada miembro necesita del otro, mostrando que la fe no es individualista, sino profundamente comunitaria.

Jesús declara que esta unidad tiene un gran propósito y es impactar al mundo entero por medio del testimonio, puesto que Jesús señala que esta unidad es a fin de que “el mundo crea”. La falta de unidad debilita el testimonio del cristiano y se vuelve en un obstáculo para que los que están perdidos vean la luz del evangelio, siendo piedras de tropiezo para la proclamación del evangelio; pero cuando la iglesia camina en amor, perdón y servicio mutuo, el mundo puede ver una evidencia tangible de la obra de Dios. La unidad se convierte entonces en un mensaje silencioso, pero poderoso, que anuncia la verdad del evangelio. 

Por eso, vivir en unidad no es opcional; es parte central del propósito de Dios para su pueblo. Cada acto de humildad, cada esfuerzo por reconciliarse, cada oración por un hermano construye el reflejo de la comunión divina en la tierra. Oremos para que esta palabra nos transforme y nos ayude a recordar que somos llamados no solo a creer en Cristo, sino a vivir unidos en Él, para gloria de Dios y testimonio al mundo. 

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