Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
Por: Pst. David Agustín Pérez Vera
Llego el día esperado durante todo el año para los cristianos en el mundo entero, por cuanto podemos recordar el nacimiento de Jesús el Mesías prometido que salvaría al mundo del pecado y la condenación. En tal sentido, la Navidad es la celebración del regalo más grande que la humanidad ha recibido, Jesús, el Hijo de Dios, enviado para salvarnos. Este regalo no se mide en valor material ni en lujo, sino en amor eterno y gracia infinita. Juan 3:16 nos recuerda que Dios nos amó de tal manera que envió a su Hijo para ofrecernos vida eterna. Esta vida no es simplemente existir, sino experimentar plenitud, paz, propósito y comunión con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo y su Santo Espíritu.
Recibir este regalo implica fe y entrega. No basta admirar la historia de su nacimiento, debemos aceptar a Jesús como Salvador y Señor de nuestra vida. Cuando lo hacemos, experimentamos transformación interna, nuestros pensamientos, actitudes y acciones comienzan a alinearse con los principios del Evangelio de Jesucristo. La salvación nos da esperanza, dirección y fortaleza para enfrentar las dificultades diarias, asegurándonos que nada puede separarnos del amor del Eterno y Soberano Dios.
Amados hermanos y amigos, este regalo nos llama a compartir con otros. Así como recibimos el amor y la gracia, estamos llamados a extenderla mediante servicio, palabras de aliento y testimonio. La Navidad no es solo un recuerdo histórico, sino una oportunidad de vivir activamente la misión del Eterno, amar, servir y transformar vidas a nuestro alrededor como embajadores de Jesucristo en esta tierra.
El regalo de Jesús nos desafía a valorar lo eterno por encima de lo temporal. Nos invita a reflexionar sobre nuestra vida, nuestras relaciones y cómo podemos vivir de manera que honre al Eterno. Celebrar la Navidad es reconocer que el verdadero tesoro no está en lo material, sino en el amor divino que nos salva y nos transforma. Demos gracias en este día con un corazón que rebosa de gozo al decir, Señor Jesucristo, gracias por el regalo de tu Vida y Salvación. Shalom.