Lucas 1:38 “Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia”.
Por: Pst. David Agustín Pérez Vera
Hoy tenemos el testimonio de una joven llamada María, una mujer sencilla de Nazaret, recibió un mensaje que cambiaba su vida para siempre, sería madre del Salvador. Su primera reacción podría haber sido miedo, duda o rechazo. Pero su respuesta fue inmediata: “Hágase conforme a tu palabra”. Este es uno de los ejemplos más poderosos de fe y obediencia en toda las Escrituras. La fe no siempre significa entenderlo todo; a veces significa confiar en que Dios sabe más que nosotros y que sus planes son perfectos.
La historia de María nos enseña que cuando el Eterno llama, nuestra respuesta tiene consecuencias eternas. Su obediencia permitió que se cumpliera la profecía mesiánica y que Dios habitara entre los hombres a través de Jesús, Dios hecho carne. Además, su ejemplo nos recuerda que el plan de Dios no siempre es fácil o cómodo. María enfrentó críticas, rumores y riesgos al aceptar ser la madre del Mesías. Su fe fue activa y valiente, y su “sí” cambió la historia de la humanidad.
Hoy el Eterno también nos llama, a obedecer en áreas concretas de nuestra vida: decisiones familiares, ministeriales, laborales o sociales. Muchas veces tememos que dar un paso de fe, porque no comprendemos completamente las consecuencias. Sin embargo, como María, podemos decir “sí” con confianza, sabiendo que Dios obra para bien. Su ejemplo nos enseña que la obediencia trae bendición, no solo para nosotros, sino para quienes nos rodean. Amados hermanos y amigos oremos con convicción para aceptar con fe y obediencia la Voluntad perfecta de Dios en nuestras vidas, aun cuando sea difícil o incomprensible. Shalom.