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Mateo 28:19-20 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Por: Daniel Mora Jiménez

Como podemos observar en el texto central, Jesús entrega a la Iglesia su misión fundamental “Id, y Haced discípulos”. Estas palabras, conocidas como la Gran Comisión, revelan que la Iglesia no existe solo para reunirse, sino para ser enviada. El propósito de Dios es que Su pueblo participe activamente en la extensión del reino, llevando el evangelio a todas las naciones y proclamando la salvación que solo se encuentra en Cristo.

El mandato de hacer discípulos implica más que una conversión inicial; incluye bautizar y enseñar. Dios ha confiado a la Iglesia la responsabilidad de acompañar a los creyentes en un proceso continuo de crecimiento espiritual. Esto muestra que el propósito divino no es formar multitudes, sino discípulos comprometidos que vivan bajo el señorío de Cristo y reflejen Su carácter en cada área de la vida.

Jesús también promete Su presencia constante: “yo estoy con vosotros todos los días”. Esta afirmación asegura que la misión de la Iglesia no depende de su propia fuerza, sino del poder y la fidelidad de Dios. El propósito de Dios se cumple cuando la Iglesia camina en obediencia, confiando en que Él guía, sostiene y capacita a Su pueblo por medio del Espíritu Santo. Por ende, demos gracias a Dios porque podemos ser instrumentos útiles en sus manos, mensajeros de buenas noticias que impacten al mundo no solo con un mensaje proclamado por nuestras voces, sino también, un mensaje vivo por medio de nuestro testimonio. 

Por último, recordemos que como Iglesia de Cristo debemos vivir con nuestra mirada en el propósito eterno.  Cada creyente es llamado a ser parte de esta misión, entendiendo que la obediencia a la Gran Comisión define la identidad, la razón de ser y la esperanza de la Iglesia.

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