Mateo 6:14 “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial.”
Por: José Vaquero Aragundi.
Perdonar a quien nos hace un agravio no es una opción para el cristiano, es en realidad el estado espiritual de un corazón reflejando la gracia de Dios a través nosotros.
Nuestro Señor Jesús enseñó a sus discípulos (y por extensión a nosotros) que debemos perdonar cuantas veces sea a quienes nos ofenden, tal como nuestro Padre en los cielos nos ha perdonado todas nuestras iniquidades. Perdonar a los demás es liberar el alma de un gran peso llamado rencor. Muy importante porque el rencor da lugar a la venganza y al odio, cosas que todo cristiano debe evitar.
Cada vez que no perdonamos a quienes nos ofenden, estamos cerrándole la puerta de nuestro corazón a la paz y al gozo que el Señor nos quiere dar. Al perdonar estamos imitando el amor del Padre, quien, a pesar de nuestros pecados y ofensas, nos extiende su gracia cada día.
Roguemos a nuestro Padre celestial, que nos conceda un corazón dispuesto a perdonar, sin importar la gravedad de la ofensa recibida, para vivir en la libertad y plenitud de Cristo, como fieles discípulos de él.