Proverbios 22:6 Enseña al niño el camino en que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él.
Por: Daniel Mora Jiménez
Si observamos el Génesis nos daremos que el plan de Dios se desarrolla en función de la institución de la familia, siendo esta el núcleo del cumplimiento de todas las promesas de Dios en el contexto de la redención. En el evangelio de Mateo somos testigos de cómo el Mesías es parte de una descendencia, de un árbol genealógico davídico. Nuestro salvador nació dentro de cuidados y atenciones de una familia.
Es así como el libro de Proverbios 22:6 nos entrega una instrucción clara y llena de esperanza: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Este versículo nos muestra que Dios tiene un propósito definido para cada vida desde la infancia. No nacemos por accidente; desde temprano, el Señor desea que conozcamos su camino. Por eso, la formación espiritual no es solo una responsabilidad humana, sino una colaboración con el plan divino, puesto que cuando guiamos a un niño en el camino correcto, estamos sembrando semillas del propósito de Dios en su corazón. Esa enseñanza no se limita a palabras, sino que se transmite con ejemplo, oración y amor constante. Dios utiliza a padres, maestros y líderes como instrumentos para guiar a las nuevas generaciones hacia la senda que Él ya ha trazado. Educar en la fe es participar activamente en la obra eterna de Dios.
Es así como este proverbio nos anima a confiar en que Dios obra en cada proceso y en la vida de cada una de nuestras familias. Tal vez no veamos resultados inmediatos, pero el Señor está cumpliendo su propósito en cada uno de ellos; por ende, nuestra tarea es sembrar en cada una de nuestras familias, con fidelidad y constancia, aquella semilla, la Palabra de Dios, sin embargo, el crecimiento le pertenece a Dios. Que hoy recordemos que formar, guiar y enseñar en el camino del Señor es una de las maneras más hermosas de participar en su propósito eterno.