Proverbios 8:34 “Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas cada día, aguardando a los postes de mis puertas.”
Por: José Vaquero Aragundi.
El Todopoderoso quiere con nosotros una relación diaria y constante. No para buscar respuestas solamente en momentos de necesidad, sino para vivir cada día en comunión con Él. El Señor nos llama con ternura, queriendo que nuestros oídos estén dispuestos a oír su voz y nuestros corazones abiertos a su verdad.
La expresión velar a las puertas, implica una actitud de espera, cual siervo que espera las instrucciones de su Señor; es llevar una vida de velado espiritual, en el que cada día comienza con el anhelo de escuchar a Dios a través de su palabra y alimentarse de aquel alimento espiritual que nos hace crecer en sabiduría y en gracia.
La bienaventuranza no está necesariamente en los bienes materiales, sino en el escuchar y obedecer a la voz de Dios. La bienaventuranza como nos dice este versículo, es para aquel que escucha, vela y espera a su Señor.
No basta con oír de vez en cuando, ya que la sabiduría de Dios contenida en su Palabra, se revela a quienes buscan el reino de Dios y su justicia de una manera persistente, a quienes se presentan ante Dios cada mañana, con humildad y hambre y sed de su justicia, como fieles discípulos que esperan a la puerta la venida de su Señor.
¿Cuántas veces al día hacemos una pausa para escuchar la voz de Dios? ¿Es el Señor nuestra prioridad al comienzo de cada día?. Pidamos a Dios, que nos fortalezca y nos anime a seguir velando, para escuchar la voz de nuestro Señor cuando nos llame en su venida.