Romanos 12:1 “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”.
Por: Pst. David Agustín Pérez Vera
La obediencia al Eterno es un acto de amor y reverencia que transforma nuestra vida y nos permite vivir en armonía con Su Voluntad. El apóstol Pablo nos enseña que nuestra vida entera debe ser un sacrificio vivo, no solo momentos específicos de devoción, sino un compromiso diario con el Eterno y Soberano Dios en pensamientos, palabras y acciones.
Obedecer al Eterno no siempre es fácil, porque, implica renunciar a nuestros deseos, egoísmo o conveniencia personal. Sin embargo, la obediencia produce bendición y nos permite experimentar la paz y dirección que solo el Eterno puede ofrecer. La transformación que ocurre en nuestra vida al obedecer es profunda, nos hace más humildes, pacientes, generosos y llenos de fe.
En la actualidad, la obediencia también impacta a nuestra familia, iglesia y a la sociedad. Cuando vivimos con integridad y coherencia, reflejamos el carácter de Cristo Jesús y motivamos a otros a acercarse al Eterno. La obediencia activa demuestra que nuestra fe no es solo teórica, sino práctica en todo nuestro caminar guiados por el Espíritu Santo.
Es importante amados hermanos y amigos, que tengamos bien concebido que obedecer al Eterno es un acto de confianza. Así como nuestro Señor Jesucristo fue obediente al Padre incluso en circunstancias difíciles, nosotros también estamos llamados a confiar plenamente, en que el Eterno sabe lo que es mejor para nosotros. Esta confianza nos permite tomar decisiones sabias, enfrentar retos con valor y perseverar cuando surgen obstáculos.
La época navideña que acabamos de pasar, nos recordó que Cristo Jesús fue obediente hasta la muerte, mostrando que la verdadera grandeza y salvación se encuentran en seguir al Eterno fielmente. Nuestra obediencia diaria es una expresión de amor, gratitud y devoción que refleja la luz de Cristo en el mundo. Tomemos la decisión de manera concreta, que nuestro testimonio refleje un verdadero compromiso, con nuestro Padre Celestial Jehová de los Ejércitos. Shalom.