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Deuteronomio 23:14 “Porque Jehová tu Dios anda en medio de tu campamento, para librarte y para entregar a tus enemigos delante de ti; por tanto, tu campamento ha de ser santo, para que él no vea en ti cosa inmunda, y se vuelva de en pos de ti”.

Por: Nelly Jácome de Pérez

Dios dio algunas reglas básicas a los israelitas que les habrían revelado su santidad y pureza. Y una forma de respetar la pureza de Dios era que la apariencia de su campamento reflejara la de sus corazones. La mayoría de nosotros limpiamos y ordenamos rápidamente la casa si llegan invitados. Cuán to más limpia y ordenada estaría si el invitado fuera alguien muy especial. El texto de hoy nos enseña acerca de la santidad de Dios y cómo él quiere que nuestro campamento, es decir, nuestra vida, esté libre de impurezas, del pecado y los afanes de este mundo.

Así como Dios “vivió” en el campamento israelita en los días de Moisés, ahora vive por el Espíritu Santo en todo hijo de Dios, que ha creído por fe en la obra expiatoria que hizo Jesucristo en la cruz del calvario, para redimirlo de la esclavitud del pecado y darle vida eterna.

Y así como a los israelitas se les ordenó no tener nada vergonzoso en el campamento, tampoco debemos tener nada vergonzoso en nuestras vidas. Los líderes judíos criticaron duramente a Jesús por permitir que sus discípulos se contaminaran comiendo sin lavarse las manos ceremonialmente. Pero Jesús les dijo: “¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina?. Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias”. (Mateo 15:17-19). Debemos desechar aquello que Jesús dijo que nos contaminaría.

Cuando Dios se mueve en nuestro campamento, Él nos libra y nos protege del enemigo. Él nos guía y nos da dirección en nuestro camino. Por lo tanto, es importante que seamos conscientes de la importancia de mantener una vida santa y apartada para Él. Es importante que vivamos una vida conforme a Su voluntad, manteniéndonos alejados de las cosas que son contrarias a su plan para nosotros. Somos nuevas criaturas en Cristo Jesús, sellados con el Espíritu Santo de Dios, nuestro cuerpo es el templo donde Él habita. Todo esto debe llevarnos cada día a una purificación diaria de nuestras vidas, para que honremos a Dios y su santo nombre, Amén.

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