Romanos 15:30 “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios.”
Por: José Vaquero Aragundi.
Pablo conocía perfectamente la importancia de la oración en la vida del cristiano; él no solo oraba, además pedía a las iglesias a las cuales escribía, que intercedan por él. Esto nos demuestra que la oración no es solo una acción individual, sino también una poderosa herramienta que nos da una mayor unidad como cuerpo de Cristo.
Pablo no pedía que oraran por su prosperidad o éxito personal, sino que oraran para que su ministerio no tenga impedimentos, ya que él sabía que su lucha no era contra carne ni sangre. Hoy también estamos en una lucha constante contra la carne y las dificultades de la vida; La oración nos fortalece y nos mantiene en una perfecta comunión con Dios.
Cuando oramos unos por otros, demostramos que el amor de Dios está en nosotros y nos convertimos así en un apoyo vital dentro de la obra del Señor. Debemos orar por todos, los líderes de la congregación necesitan todo nuestro apoyo espiritual, ya que ellos llevan la doble carga de servir al Señor y a su iglesia, como era el caso de Pablo.
Reflexionemos: ¿Estamos orando fervientemente por los demás? ¿Somos constantes en ello? De no ser así, pidámosle a Dios que nos dé la voluntad y el carácter de un intercesor, para que cuando el Señor venga, nos encuentre orando y velando.