Romanos 15:5 “Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús.”
Por: José Vaquero Aragundi.
La unidad de la iglesia no se puede lograr por nuestro humano esfuerzo, sino que se alcanza gracias a la obra de Dios en nosotros; ya que es el Señor quien nos da la paciencia y constancia para sobrellevar nuestras diferencias y mantenernos así en perfecta armonía.
Debemos reconocer que a menudo, las diferencias de opiniones o personalidades entre hermanos llegan a causar divisiones, pero Dios a través de su Santa Palabra, nos exhorta a tener un mismo sentir (vivir en armonía) en Cristo Jesús; lo que nos demuestra que la unidad de una congregación, no se basa en los gustos o preferencias personales, sino más bien en nuestra fe, amor y obediencia a Cristo Jesús.
Un fruto del Espíritu Santo es la paciencia, la cual es clave en nuestras relaciones fraternales, así como Dios es paciente para con nosotros, nos hace un llamado a reflejar la misma actitud hacia los demás, en especial a nuestros hermanos en la fe. Cuando cultivamos el amor fraternal, demostramos que vivimos y somos de un mismo sentir en Cristo y fortalecemos su cuerpo que es la iglesia.
Pidamos al Señor que nos ayude a vivir en armonía unos con otros, a fin de que con nuestra actitud reflejemos la paciencia y el amor de Cristo, como fieles discípulos que hacemos la voluntad de nuestro Padre.