Estamos Ubicados en:
Ximena 421 y Padre Solano,
info@pibguayaquil.com
Fono: +593 98 901 0216
Berajot
berajot@pibguayaquil.com
Fono: +593 98 901 0216

Salmo 45:1″Mi corazón rebosa con palabras hermosas; dirijo al rey mi canto; mi lengua es pluma de escribiente muy ligero.”

Por: Marianella Layana de Jácome

Cuando leemos los Salmos, vemos en David una adoración profunda, no por deber, sino por una necesidad real de estar con Dios. Él no solo cantaba y danzaba, se derramaba delante del Señor, porque conocía a Dios íntimamente como su Señor y Libertador. Su alabanza nacía de una relación viva y auténtica, incluso en medio de las pruebas.

Cuando nuestra alma contempla su grandeza, cuando los ojos de nuestro corazón son abiertos ante su santidad, amor, misericordia y su poder, algo dentro de nosotros se enciende y no podemos callar. No podemos dejar de glorificarlo, agradecerle y rendirnos ante Él. Por eso, la adoración no es solo cantar, levantar las manos, o asistir a un culto. No es fría, ni mecánica, ni un ritual. Podemos cumplir fielmente con todo esto y aun así nuestra alma puede estar lejos de Dios.

El verdadero adorador arde por dentro. Su adoración no nace del momento, ni de una canción, ni de un ambiente. Nace de una vida impactada por la gloria de Dios, una vida que lo ha visto obrar en lo secreto, que ha experimentado su gracia, su misericordia y que no puede quedarse igual.  Adorar es glorificar a Dios activamente con todo nuestro ser, y cuando nos llenamos de esa verdad, la alabanza se convierte en una necesidad vital y no en una obligación.

Usamos cookies para una mejor experiencia de usuario.