Salmos 103:1-2 “Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios”.
Por: Dayse Villegas Zambrano
En la literatura bíblica, el alma es el centro del ser, es quien la persona realmente es. Esa persona es emocional, siente profundamente y se mueve de acuerdo a sus sentimientos. Hoy está alegre, mañana se enoja, luego se desanima. Necesita constante estímulo. El salmo 103 nos enseña cómo estimular al alma a bendecir a Dios.
“No te olvides”. Digámosle cada día esto a nuestra alma. “No te olvides”. Dios es quien perdona todas tus iniquidades y te deja en un estado de paz y libertad.
Dios es el que sana todas tus dolencias, así que sea lo que sea que estés pasando en este momento, recuerda cuántas veces has sido ayudado antes.
Dios es el que rescata del hoyo tu vida. Qué importante es esto, porque todos en algún momento hemos caído en una trampa moral, en miedo, en vergüenza, en desobediencia, en depresión, en desesperanza, y hemos necesitado rescate, y muy probablemente volveremos a necesitarlo en el futuro.
Dios es el que te corona de favores y misericordias. Todo lo bueno que tienes, lo que llegó sin que hicieras ningún esfuerzo y también lo arduamente adquirido, viene de la mano de Dios. Él nos honra con un nombre, una identidad, un hogar, una familia, un oficio, pero también con dones y talentos que ahora usamos y por los que somos apreciados.
Dios es el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila. El alma con frecuencia olvida que solo Dios es suficiente. Que todo lo que Dios le da es bueno para ella y la mantiene fortalecida. Pero el alma a menudo busca saciedad en muchas otras cosas que Dios no tenía en mente para ella, y termina con una sensación de vacío y de hastío. Porque el alma olvida. Y por eso esta canción de David dice: No olvides. Que este año pronunciemos todos los días las bendiciones de Dios.