Salmos 112:1 “Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera.”
Por: José Vaquero Aragundi.
En este Salmo observamos una gran realidad: La bienaventuranza está reservada únicamente para aquellos que temen a Dios y se deleitan en sus mandamientos. El mundo busca la felicidad en las riquezas, la fama o el éxito personal, la Palabra de Dios nos redirige a la fuente verdadera de toda bendición, vivir una vida centrada en Cristo.
Temer a Dios no es tenerle miedo, sino que es honrarlo con amor y reverencia, mientras reconocemos su grandeza, autoridad y santidad. El que teme al Señor busca agradarlo en todos los aspectos de su vida. Este versículo no se detiene ahí. Nos afirma también que el hombre que se deleita en gran manera en los mandamientos de Dios, no los ve como una carga, sino como algo precioso. Un verdadero hijo de Dios no obedece por obligación, sino porque hacerlo le produce gozo y satisfacción.
Deleitémonos en la Palabra de Dios, estudiémosla y apliquémosla en el diario vivir; puesto que existe bendición, paz y sabiduría en cada uno de sus mandamientos. Pregúntate: ¿Temo a Dios en realidad? ¿Me deleito en sus mandamientos, o solo la lo hago por rutina o costumbre? La bienaventuranza del hombre no es una bendición pasajera, sino una realidad otorgada por Dios a quienes lo aman y guardan su palabra como un tesoro.