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Salmos 116:12-13 “¿Qué pagaré a Jehová Por todos sus beneficios para conmigo? Tomaré la copa de la salvación, E invocaré el nombre de Jehová.

Por: Dayse Villegas Zambrano

En diciembre muchos hacemos intercambio de regalos, y es una costumbre que se va volviendo cada vez más popular y divertida; las familias y los amigos lo han convertido en un juego que puede ser más o menos costoso. 

Una broma contemporánea es que nadie en el grupo de trabajo desea que le toque ser el amigo secreto del jefe, porque no sabe qué va a regalarle, o si lo sabe, duda mucho de poder pagarlo. 

El salmo 116 abre con una pregunta importante: ¿Cómo voy a pagarle a Dios por todo lo que ha hecho conmigo? En este intercambio que tengo con él, ¿Qué puedo darle que él no tenga, qué podrá él desear de mí? Gracias a Dios hay una solución inmediata: Tomaré la copa de la salvación e invocaré el nombre de Jehová. 

Pero eso no parece un pago, sino un privilegio para el deudor. Y lo es. Lo que Dios espera de nosotros, a quienes ha extendido su copa de salvación, es que la tomemos y la bebamos con auténtica sed. Que en adelante, ya que hemos sido hechos hijos, invoquemos con confianza el nombre de nuestro Padre (Hebreos 4:16). 

En la parábola del hijo pródigo, cuando el padre ve a su vástago volviendo a casa, no pide nada para sí, no piensa en cómo va a cobrarse la ofensa, el sufrimiento, la desobediencia. No calcula cuántos años lo pondrá a trabajar hasta resarcirse del dinero desperdiciado o cuánto va a cobrarle de renta. Él está pensando con gozo en vestir a su hijo, preparar comida y hacer una fiesta. 

Ese es el corazón de Dios, su mayor gozo está en vernos volver y hacernos sentar a su mesa. ¿Qué le pagaremos? Nunca nos alcanzaría con nuestros bienes y talentos. Así que aceptemos su gracia como el hijo pródigo, que había pasado de morirse de hambre a la abundancia: de aquí en adelante aprovechemos cada oportunidad para vivir la experiencia total de la salvación, no desperdiciemos el tiempo, invoquemos el nombre de Dios a diario y seamos un sacrificio vivo que todos puedan ver.

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