Salmos 16:11 “Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre”.
Por: Pst. David Agustín Pérez Vera
El verdadero gozo no se encuentra en las cosas materiales, logros personales o situaciones favorables, sino en la presencia del Eterno y Soberano Dios en nuestras vidas. El salmista nos recuerda que solo en Él encontramos plenitud de gozo y satisfacción eterna. Recibir a Cristo en nuestra vida significa abrir nuestro corazón y dejar que Él transforme nuestra manera de vivir y percibir la realidad de una nueva vida por la eternidad.
El gozo de Cristo Jesús no depende de las circunstancias externas, se sostiene incluso en medio de pruebas, pérdidas o dificultades. Esto se debe a que su presencia nos asegura seguridad, dirección y amor incondicional. Cuando experimentamos esta alegría, nuestra actitud cambia, somos más pacientes, generosos y agradecidos, y nuestra vida se convierte en un reflejo de la luz del Eterno.
Que bendición el recordar la Navidad, porque celebramos este regalo, la presencia de Jesús en nuestras vidas. No es solo un acontecimiento histórico, sino una experiencia viva que transforma nuestras decisiones, relaciones y acciones. El gozo verdadero se manifiesta en gratitud, servicio a otros y disposición a vivir conforme a los principios del Evangelio.
Amados hermanos y amigos, compartir este gozo es parte esencial del mensaje Cristo céntrico. Cuando testificamos de la esperanza y paz que Cristo Jesús trae, animamos a otros a buscar su presencia. El gozo del Eterno es contagioso y puede cambiar ambientes, familias y comunidades enteras. Por todo esto, es necesario reflexionar sobre cómo el gozo de Jesucristo, puede transformar nuestro entorno diario, al compartir que así; como el Salvador del mundo, llegó hace 2000 años con su luz, hoy puede llegar e iluminar nuestras vidas para hacerlas de nuevo. Shalom.