Salmos 24:7 Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.
Por: Dayse Villegas Zambrano
El 27 es un salmo que alterna entre figuras resplandecientes y momentos de oscuridad. La gloriosa luz de Dios lo domina todo, pero hay instantes en que todo se torna peligroso por la amenaza de los enemigos. En que el salmista se ve sitiado por un ejército, pero se declara un hombre confiado y sin temor.
¿Por qué puede mantener la confianza? Porque se ha mantenido firme y constante en su propósito. En su corazón hay un solo deseo que le ha expresado a Dios con confianza, y que se dedica a buscar: vivir en la casa de Dios. Si pudiésemos vivir en la casa de Dios, probablemente cada día sería domingo. Libres de obligaciones y tareas y distracciones, seríamos moradores del templo, y toda la vida estaría organizada en torno a las distintas formas de adoración.
Pero la cuestión es que ya lo somos. No es cuestión de quedarnos a vivir en un edificio, es que hemos sido hechos templo de Dios, y no importa donde estemos, hay un altar en nosotros. Cada día puede ser un día de reposo. Cada vez que adoremos nos liberaremos de toda carga y seremos libres para contemplar la hermosura de Jehová, seremos gente en cuyos ojos habita la belleza.
Y siempre que lo deseemos, podremos preguntar a Dios sobre todas las dudas que tengamos. Se convertirá en una conversación continua que mantendremos mientras trabajamos y mientras descansamos. Consultaremos cada decisión, depositaremos cada carga, agradeceremos cada pequeño y grande milagro. Y cuando haya días de oscuridad y amenaza, nos mostraremos como personas confiadas y sin temor, en cuyos ojos hay luz, que aun viviendo en tiempos violentos y peligrosos están enfocadas en un solo deseo que termina por eclipsar todo lo demás: Señor, quiero vivir en tu presencia.