Salmos 73:25-26 ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.
Por: Dayse Villegas Zambrano
El creyente, aun cuando cae, cae sobre terreno firme. No se hundirá, sino que volverá a levantarse. El creyente, aun cuando está débil, es inamovible, no lo podrán sacar de donde está asentado, porque su base es eterna. Su dirección no cambia, su destino no cambia. Sus deseos tampoco deberían cambiar, tal como nos indica este salmo de Asaf, el compositor que toma la posta cuando terminan los salmos de David.
Ciertas circunstancias pueden golpear nuestro cuerpo, pueden sacudir a nuestra familia, pueden dejarnos aparentemente sin sustento, pueden perseguirnos hasta no dejarnos dormir tranquilos, pueden romper nuestra paz mental. Podemos sentir cómo nos desmayamos porque ya no tenemos un lugar en nosotros que no duela o que pueda mantenerse en pie. Pero incluso si desfallecemos, la roca que está bajo nosotros no se mueve.
Asaf descubrió esto después de una temporada de infortunio. Primero cayó en la tentación de la envidia, al codiciar la prosperidad de otros. De los que no tienen que trabajar para ser ricos. De los que hacen violencia sin temor a las consecuencias. De los que consiguen todo lo que les pide su corazón. De los que hablan mal de cualquiera. Llegó a pensar que no le había servido de nada llevar una vida justa y que tal vez solo le quedaba ser como ellos.
“Hasta que, entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos”. Lo que salvó a Asaf fue su fundamento. Sí, había caído, pero su base seguía firme y sobre ella pudo levantarse y recordar que Dios es suficiente y que cuando lo tenemos a él, no queda nada más que desear en la tierra. Alcanzar ese estado de conciencia no es automático, es producto de la constancia. No descuidemos la importancia de mantenernos firmes en esos sencillos pasos que llevaron a Asaf de vuelta al santuario de Dios, a la presencia de Dios. Será lo que nos salve en el día de mayor necesidad.