Salmos 8:1 ¡Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!Has puesto tu gloria sobre los cielos.
Por: Dayse Villegas Zambrano
La huella de Dios está en todo lo que él ha hecho. En los cielos, sin duda, pero también en la tierra. El que desee encontrar a Dios lo podrá hacer en cualquier lugar, porque no hay sitio inalcanzable para él (Salmos 139:7).
La huella de Dios también está en su creación del sexto día, el ser humano. ¿Qué tiene de especial una criatura mortal con un corazón inclinado continuamente al mal? La redención de esta especie es que Dios no olvida que la creó a su imagen y semejanza, para poblar y administrar la tierra.
Por eso Dios sigue visitando al hombre desde el Edén; vuelve a buscarlo en el desierto, con Abraham; lo confirma con Jacob; insiste con Moisés; hace un pacto con David; lo perfecciona y cumple y renueva en Jesús.
El hombre puede haber caído, pero hay esperanza; Dios no olvida que lo creó apenas menor que los ángeles, y ha puesto a nuestro alcance algo que no apreciamos lo suficiente, la oportunidad de participar de su gloria y de su honra (Salmos 8:5).
La palabra participación es importante cuando se trata de la gloria de Dios; podemos pensar esta que es lejana e intocable, pero no es ese el propósito de Dios. Él ha querido compartir su gloria con nosotros, de hecho puso algo de ella en nosotros (Eclesiastés 3:11), pero tenemos que tomar la oportunidad y estar dispuestos a participar activamente en el plan de Dios.
Pablo explicó esto como el objetivo de su vida: “conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte” (Filipenses 3:10), es decir, una muerte que no es definitiva, sino que ha sido revertida. Estaba identificado con Cristo en todo; en el sufrimiento aquí, y el su destino final, que es la gloria por la eternidad.
¿Estamos participando fielmente en el plan eterno de Dios? “Para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3). Identificarnos con él aquí en la vida y en la muerte es compartir también con un futuro de gloria.