Salmos 9:1 Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; Contaré todas tus maravillas.Me alegraré y me regocijaré en ti; Cantaré a tu nombre, oh Altísimo.
Por: Dayse Villegas Zambrano
La historia de la relación entre Dios y su pueblo está musicalizada con las alabanzas de los fieles. Era importante que los cantores y músicos estuvieran preparados, pero las partituras no han llegado hasta nosotros, sino las letras, que reflejan las maravillas de Dios. ¿Le parece si hacemos un repaso de aquellas que han pasado a formar parte de nuestro propio acervo musical? Veamos si la melodía acude a nuestra mente.
En Éxodo 15 leemos el cántico de Moisés después del paso del Mar Rojo. “Cantaré yo a Jehová, porque se magnificado grandemente; ha echado en el mar al caballo y al jinete”.
Este mismo Moisés escribió el salmo 91: “El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente”. En Jueces 5, los héroes Débora y Barac cantaron: “Los montes temblaron delante de Jehová, aquel Sinaí, delante de Jehová Dios de Israel”.
En 1 Samuel 2: Ana canta: “No hay santo como Jehová, porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro”.
En 2 Samuel 22, David canta una liberación: “Quien adiestra mis manos para la batalla, de manera que se doble el arco de bronce con mis brazos”. En 1 Crónicas 16, David y la familia de Asaf cantan: “Alégrense los cielos, y gócese la tierra, y digan en las naciones: Jehová reina”.
En Cantares 2, Salomón canta: “Me llevó a la casa del banquete, y su bandera sobre mí fue amor”. En Apocalipsis 15, los que han alcanzado la victoria cantan: “Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los Santos”.
¿Cómo debe ser nuestra alabanza? Constante, sin olvidar detalle. Con fundamento: debe reflejar la acción de Dios en nosotros. De todo nuestro corazón, con todos los sentidos. Debe ser alegre, gozosa. Debe exaltar el nombre de Dios y marcar los acontecimientos de nuestras vidas.