Salmos 95:6-7 “Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano”.
Por: Dayse Villegas Zambrano
El Salmo 95 está clasificado como un canto de alabanza y de adoración, pero si lo leemos atentamente, parecería que es un canto de acción. Su primera palabra es una orden: “Venid”, y nos orienta hacia la actitud de la adoración, que es activa.
¿Quiere usted ser un adorador firme y constante? Movilícese. Levántese, muévase, vaya y busque intencionalmente la presencia de Dios. Aclame y cante, pero no solo siguiendo la letra en la pantalla o dejando que el grupo musical haga todo el trabajo; usted esfuércese en ser parte. Tal vez usted no ensayó, no se sabe la canción, pero una vez que está en la casa de Dios, propóngase darlo todo.
“Lleguemos ante su presencia con alabanza”. Esa es la disposición adecuada. Más que apurados, preocupados, ansiosos o disgustados por el tráfico o las circunstancias externas. Deje todo atrás una vez que esté frente a esas puertas, y si su corazón no estaba en una actitud de adoración, ordénele que lo haga (Salmos 146:1), ejerza el dominio propio también en la adoración.
¿Está viviendo un mal momento, se siente frustrado o se ha enfriado su corazón por alguna razón? Los versos de hoy lo ayudarán a encontrar la salida. Vaya, adore y póstrese, es decir, humille su corazón delante de Dios; arrodíllese y reconózcalo como quien es, su Hacedor, su Dios y su Pastor. Deje en la entrada toda la rebeldía, el resentimiento y la incredulidad que pudieran haberse acumulado en el día a día. Dios no exige que usted se flagele o grite sus faltas. Dios espera que usted se apacigüe, suelte lo que le hace daño, renuncie a su desobediencia y busque la reconciliación. ¡Venga, entre! Dios todavía quiere mostrarle su gloria.