Salmos 96:7-8 “Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos, Dad a Jehová la gloria y el poder. Dad a Jehová la honra debida a su nombre; Traed ofrendas, y venid a sus atrios.
Por: Dayse Villegas Zambrano
¿Qué traeremos a la presencia de Dios? El salmo 96 empieza con canción y continúa con otras formas de adoración: tributo, honra y ofrenda. Llegaremos ante el Señor con una actitud de reconocimiento. Aún si creemos que no tenemos nada que darle, se nos anima a darle la gloria y el poder. ¿Cómo podemos darle a Dios algo que ya es suyo? Como un niño que da a su padre un regalo con los recursos que este le da, y logra agradar simplemente con existir y mostrar una actitud amorosa, nosotros podemos llegar a Dios de lo que él ya tiene, a través del reconocimiento: sé que esto es tuyo, te pertenece y vengo a entregártelo. De ninguna manera vamos a enriquecerlo, pero vamos a complacerlo.
También es de Dios la honra. Él lo dice en Malaquías 1:6. La honra comienza por un comportamiento que honre nuestro parentesco, que dé fe de que somos hijos de Dios; si él es nuestro Padre, llevamos su nombre y debemos honrarlo.
Además, está la previsión de venir a la casa de Dios con ofrendas, ¿y de qué tipo? Ofrendas con la actitud correcta. En Malaquías 1, Dios continúa diciendo que él no acepta la ofrenda de alguien que lo menosprecia y que piensa que va a complacerlo con cualquier cosa; que le da lo que le sobra, lo que no sirve.
Dios busca una ofrenda de calidad. Él no puede ser sobornado con cantidades, pero es tocado por quien da lo que tiene. Como entre la ofrenda de Abel, quien dio lo mejor, y Caín, quien dio sin sentimiento, Dios mira el corazón. Que este sea un año en que la ofrenda de nuestro corazón sea escogida.